PINTURA RELIGIOSA.

En esta exposición hemos reunido cuatro obras de temática religiosa del genial pintor cretense afincado en Toledo y perteneciente al renacimiento (siglo XVI).

Ya conoces El entierro del Señor de Orgaz y las presentes obras participan de las características que tienen en general los cuadros de este autor. El alargamiento espiritual de los personajes, el intenso colorido, la ausencia de preocupación espacial, los gestos místicos y la luminosidad efectista son estas carcterísticas.


EL EXPOLIO. (1.577)

pulsa para ampliar

Este magnífico lienzo fue encargado por la Catedral de Toledo para ser colgado en la sacristía. El tema es el despojo de vestiduras sufrido por Jesucristo, llamado también el prendimiento. Jesús preside monumentalmente la composición y El Greco lo destaca mediante diversos procedimientos: su colocación central en el cuadro, su iluminación superior a la del resto de personajes que quedan en penumbra, el fulgurante color rojo de su manto y la expresión dulce y comprensiva de su rostro en contraposición a la chusma violenta y embrutecida.

Al lado de Cristo se encuentra un soldado con una armadura renacentista de bellos reflejos metálicos que podría ser San Longinos, Pilatos o un centurión romano. Abajo a la derecha está un sayón horadando la cruz, agachado y vestido de blanco y amarillo. En el ángulo inferior izquierdo aparecen las tres Marías contemplando horrorizadas la escena. El único espacio libre es un pequeño trocito de suelo con piedras en el que se apoya el pie del redentor.

El rostro de Jesús es muy digno, sus ojos tienen lágrimas pero Él acepta sumisamente el destino que le marca su Padre . La muchedumbre empuja al Señor hacia nosotros y presenta rostros crispados y grotescos, tiran de la cuerda atada a la muñeca de Cristo, se arremolinan, gritan. En el fondo hay lanzas y personajes con casco. La dulzura y la serenidad triunfan sobre la violencia.

La composición espacial es extraña pues las tres Marías aparecen con las figuras cortadas y vistas desde arriba mientras que el resto de los representados están contemplados desde un punto de vista frontal. Existen valientes escorzos (posturas forzadas) y expresividad efectista en los personajes. El contrastre de color es muy acusado entre el fogonazo del rojo carmín de la túnica y las gamas frías de los ocres y pardos del resto.

Una curiosidad, M.B.Cossío dice de esta obra: “ la pintura más original del siglo XVI en España; ninguna la supera en inspiración genial, en riqueza y en atractivo del color...”

Para el pago del cuadro se produjo una fuerte controversia entre el pintor y el cabildo de la catedral. Los tasadores de El Greco pusieron un precio de 900 ducados mientras que los del cabildo lo hicieron en 227. Ante la falta de acuerdo, un tasador neutral fijó la cuantía en 317 ducados. La iglesia aducía para pagar menos ciertas imprecisiones en la iconografía del cuadro y El Greco no admitía que un cliente tan poderoso como la iglesia rebajase de tal modo los precios. El pleito duró dos años y al final, el pintor, sorprendentemente, cobró más por el marco que por el lienzo. Que la obra siga hoy en el mismo lugar para la que fue encargada demuestra que era correcta y la excusa de las impropiedades en el tratamiento del tema sólo era un pretexto para pagarle menos a El Greco. Eso sí, la catedral ya no encargó ninguna otra obra al cretense, esta fue la primera y la última.


CRISTO ABRAZADO A LA CRUZ. (1.597-1.607)

pulsa para ampliar

Bellísimo rostro de Jesús, con los ojos arrasados en lágrimas y mirando hacia arriba, hacia el Padre, aceptando su destino con resignación y acatamiento. Avanza hacia el espectador pero no hay comunicación visual con nosotros, además le contemplamos desde abajo. Sus delicadas manos, el alargamiento de su figura, los tonos azul, rojo violáceo, y marrón de la madera de la cruz forman un cuadro que invita a la devoción y a la oración, nos sentimos apiadados y compadecidos de su dolor. Hay que aclarar que el color rojo simboliza el martirio y el azul la eternidad. Los dedos anular y corazón juntos son habituales en los personajes de este pintor. El fondo es inconcreto y misterioso y la luz es un rayo muy efectista. En su cabeza ya tiene la corona de espinas. Existen varias versiones del mismo tema, la que estás contemplando se encuentra en el museo de El Prado.


LA ADORACIÓN DE LOS PASTORES. (1.612)

pulsa para ampliar

Uno de sus últimos cuadros y lo pintó para sí mismo, iría destinado a su cripta funeraria en la iglesia de Sto. Domingo el Antiguo de Toledo, pero desapareció de allí cuando su hijo, Jorge Manuel, lo vendió para pagar sus deudas de juego. Los personajes son extraordinariamente alargados y retorcidos, figuras gigantescas y “flameantes”. La gama de colores es amplia e intensa: amarillo, verde, azul, naranja, blanco, rojo, etc.

La luz parece proceder del niño Jesús y baña todo a su alrededor. Tradicionalmente se ha pensado que el pastor anciano arrodillado en primer término es el propio pintor autorretratado. A su lado hay una mancha blanca, obsérvala con atención y verás que es un cordero (cordero de Dios). La colocación de las figuras rompe los moldes tradicionales, fíjate en el buey que curiosa postura y colocación tiene.

Como cuestíon recurrente en El Greco , la coexistencia del cielo y la tierra en la misma escena, aquí en el cielo puedes ver angelotes regordetes desnudos y otros vestidos, todos ellos alados. Las arquitecturas del fondo están tan simplificadas que resultan muy inconcretas, pero añaden cierta perspectiva.


LA SAGRADA FAMILIA. (1.590)

pulsa para ampliar

Lienzo delicado y tierno donde podemos ver a la Virgen con el niño acompañados de San José y San Juan Bautista niño además de Santa Isabel. La escena resulta cercana y agradable, moviendo al fiel a la simpatía y devoción por los personajes. La delicadeza en el tratamiento se complementa con unos colores llamativos: verde, azul, naranja, rojo.

El cielo de tormenta contrasta con la luminosidad del primer plano donde podemos apreciar la actitud protectora de San José, la dulzura de la Virgen, la sorpresa de Santa Isabel y la gracia de los dos chiquillos. San Juan Bautista porta una fuente de galletas. Las túnicas con sus acusados pliegues cubren la mayor parte de los cuerpos y realzan su espiritualidad.