La primera etapa pictórica de Goya transcurre en su juventud, fundamentalmente cuando va a Madrid para trabajar en la Real Fábrica de Tapices. Él era el encargado de pintar los cartones preparatorios sobre los que después se confeccionarían los tapices.
Como buen joven con éxito, Goya estaba ilusionado y era optimista, vivía con alegría en la capital y eso se refleja en estas obras que contemplas.
Son cuadros luminosos y coloristas con temas alegres y desenfadados, por ejemplo romerías, bailes, fiestas populares, escenas campestres, juegos, etc. Todos ellos ya revelan a un genio de la composición, muy atento a los detalles y a la belleza de la naturaleza y de los personajes. Éstos últimos, los majos y las majas, van vestidos con unos preciosos atuendos, pantalones hasta la rodilla, redecillas de cabeza, calzado con hebillas, etc. Era necesario separar muy bien lo representado para facilitar a las costureras la elaboración posterior del tapiz en base al cartón inicialmente diseñado por Goya. Además de los cuadros expuestos aquí, existen muchos de esta época joven del genio aragonés, súmamente populares en nuestro país como El Pelele, La Cometa, El paseo de Andalucía, Riña en la Venta Nueva, La Boda, Niños con Mastín, etc.
La elegancia lo invade todo en esta obra, los vestidos, las posturas anatómicas, las flores y el paisaje, todo es agradable y optimista. El colorido poderoso resulta muy bello y atrayente, resaltando la estética de la escena. Existen guiños a Velázquez como por ejemplo la postura de la chica que entrega la flor (se parece a Isabel de Velasco en Las Meninas). La presencia de las floreras es la alegoría de la primavera y esta obra forma parte de la serie de cuatro alegorías de las estaciones (la vendimia-otoño; La Era- el verano y La nevada-el invierno).
El tema es muy sencillo, la chica arrodillada entrega una bella rosa a la otra florera, que ya ha recogido un ramillete en su regazo mientras una niña contempla curiosa la escena y un caballero con un gazapo desea sorprender a la segunda dama mientras hace señas de complicidad a la primera. El paisaje muestra al fondo la sierra de Madrid y una población que bien pudiera ser El Escorial.
Más cerca existe una ermita entre los árboles y un prado con margaritas. La dorada luz primaveral baña las montañas, los personajes y el propio cielo. Existe una carga simbolica significando el renacimiento de todo y que protagoniza el conejillo (símbolo de la fertilidad), las flores y la niña.
Segunda alegoría de las cuatro originales de la serie y que nos recuerda mucho los campos riojanos en octubre durante las labores de recolección de la uva.
Sobre un pretil elevado están sentados dos personajes, el varón sobre una rica capa rosa y azul y la chica sobre echarpe de gasa. Él entrega cortésmente un racimo a ella mientras su brazo izquierdo descansa sobre un canasto con racimos. La dama acepta gustosa las uvas pero el caprichoso chiquillo también las quiere. Por detrás se acerca una vendimiadora portando sobre su cabeza un bellísimo cesto con racimos recién cogidos. Todo el conjunto de los personajes es una composición piramidal.
El fondo, más bajo que el pretil, es una gran viña donde los jornaleros trabajan en la vendimia, dos en un plano cercano y un grupo más lejos. Un camino aparece por el lado izquierdo. Tras el valle se yerguen unas altas montañas y un cielo con nubes y claros.
En este cuadro la naturaleza inspira tranquilidad y sosiego, todo es bello, agradable y calmado. El vestuario, una vez más resulta espectacular, pañuelos, hebillas, fajas, medias, cuellos y puños, flecos, etc.
El propio Goya se quejaba ante sus amigos del enorme esfuerzo que tuvo que hacer en este óleo. La razón es la pequeñez del cuadro (42 x 90 cms.) y la increíble cantidad de detalles que contiene. Nos muestra la romería que se celebra en Madrid el 15 de Mayo para honrar a su patrón, San Isidro Labrador. El lugar es la ribera del Manzanares y cientos de personajes están por el prado bebiendo, comiendo, bailando o llevando sus carruajes.
La ciudad de Madrid aparece al fondo con edificios conocidos como el Palacio Real , San Francisco el Grande, el Seminario y muchos campanarios perfectamente reconocibles.
Fíjate en las damas con sus sombrillas y vestidas con sus mejores galas de vivos colores, caballos y carrozas, grupos sentados tomando el sol primaveral en alegres conversaciones, etc.
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Tema mitológico alusivo a la reina de Livia, Ónfala, que adquirió a Hércules como esclavo ya que había sido condenado temporalmente a la esclavitud por Zeus. Ónfala obligó a Hércules a vestirse de mujer y hacer labores femeninas, con la consiguiente humillación para el h1ario héroe y forzudo.
Goya reinterpreta a su manera la escena y coloca a Hércules, no vestido de mujer, sino con armadura renacentista y enhebrando un hilo en la aguja. Este contraste resulta ridículo, todo un heroe-guerrero con hilo y aguja. La reina sujeta un costurero entre sus piernas, de donde sale el hilo, y mira con sonrisa burlona a Hércules. Su postura algo chulesca se completa con su escote insinuante y un hombro al descubierto.
Ambos tienen las piernas entrecruzadas, símbolo de relación carnal. Una joven está detrás, portando la espada de Hércules, con la fecha y firma de Goya. Así se conforma la figura de Hércules como un juguete en manos de las dos damas, una alegoría del poder de las mujeres sobre los hombres. Un delicioso perrillo nos mira atentamente.
Es muy llamativo el poderoso rayo de luz blanca que impacta sobre los personajes mientras el fondo es muy oscuro. La joven está radiante con el blanco de su piel, de su corpiño y el rojo encendido de su falda.
Observa los brillos de la armadura, el dragoncillo de su casco y las plumas de la chica (blanca) y Hércules (roja).