Hasta ahora hemos visto muchas obras distintas en la PINACOTECA COSSÍO, obras de muchos pintores, de muchas épocas, de muchos lugares... pero hemos mirado pocas veces a la cara a los autores, a los creadores de tantas maravillas. Genios de la pintura universal cuyos nombres conocemos muy bien y que, con toda seguridad, estabas deseando tenerlos enfrente y escudriñar su "espejo del alma", es decir, el rostro.
Pues bien, ha llegado el momento de presentarte a algunos de los pintores que tanto admiramos y cuyos cuadros vemos colgados a menudo en nuestro instituto. Y lo vamos a hacer de la mejor manera posible: con sus autorretratos, tal como ellos mismos se vieron y se retrataron, con sus expresiones personales y únicas, con edades diferentes, con posturas variadas, con técnicas diversas y con estilos cambiantes según las modas y gustos de la época.
La obra pictórica de Leonardo no es muy grande porque, como se dedicaba a mil cosas distintas, no tenía mucho tiempo para cada una de ellas.
Aquí tenemios un dibujo de su propio rostro, ya mayor, y mostrando un profundo estudio anatómico y fisiológico de nuestro admirado Leonardo. Incluso en este dibujo apreciamos el Sfumato, o difuminado de los contornos, característica muy propia del genio florentino. Los detalles son magníficos como puedes observar en los ojos, los cabellos, las arrugas... El gran pintor tiene una mirada penetrante mezcla de sabiduría, inteligencia, ironía y cansancio vital.
¿Te parece que puede ser la misma cara que la de Mona Lisa? Compara los rasgos anatómicos y juzga por ti mismo si la famosa teoría de que la Gioconda es en realidad un autorretrato suyo es cierta.
Dramática confesión de la vejez este autorretrato realizado el mismo año de su muerte. Nos enseña los efectos del tiempo no sólo en los rasgos faciales sino también en la actitud. Fondo oscuro y neutro que realza la expresión facial y una pose elegante de tres cuartos como se hace siempre en los estudios fotográficos. La pincelada es extremadamente suelta como solía ser frecuente en sus últimos años pero eso no impide la plasmación de las arrugas en la cara y en el cuello, la papada, los ojos ya sin brillo, muestra del desencanto y de haber sufrido muchos disgustos en la vida.
Junto con Van Gogh, Rembrandt es el pintor que más autorretratos pintó. Puedes observar en poderoso efecto de claroscuro (contraste entre luces y sombras) que tanto admiraban los pintores del barroco como nuestro amigo Rembrandt.
Este conocidísimo post-impresionista resulta muy original al utilizar una pincelada muy gruesa y pastosa para sus óleos, lo que produce una sensación de fuerza expresiva tanto en rostros como en paisajes. Además, su paleta muestra un colorido muy intenso, chirriante, que refuerza la rotundidad de su mensaje. Huye de la línea recta mientras la curva y la espiral se enseñorean de las escenas, que pueden parecer algo irreales pero que reflejan con éxito lo representado y su mundo interior, especialmente en el caso de los retratos.
Pintó muchísimos cuadros en sólo nueve años de actividad pictórica y nunca consiguió vender un solo cuadro. Sin embargo hoy sus obras se cotizan en cifras escandalosas.
El gran genio del neoclasicismo español supo reflejar como nadie la realidad de nuestro país en los convulsos años de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.
Pintó famosos retratos como las majas o los personajes de la familia real. Aquí lo tenemos autorretratado en la posición que más le gustaba, pintando. Nuestro admirado Goya se autorretrata muy elegantemente vestido con la paleta y el pincel. Resulta curioso el estudio de la luz puesto que la figura del artista se recorta a contraluz en una gran ventana por la que entra la claridad del día. Sin embargo el primer plano está bañado por una penumbra intensa. Una mesa-camilla sostiene bandejas y frascos que brillan metálicamente a la luz de la ventana.
Seguro que te preguntas dónde mira el pintor, ya que queda claro que mira su fuente de inspiración. Puede ser cualquier modelo posando pero también un espejo. Sería ya una situación dentro de otra, es decir, el autorretrato que está pintando está incluido en el autorretrato que nosotros vemos, un autorretrato de otro autorretrato.
Pincel, paleta, caballete y genio creador, esos son los elementos que adornan este cuadro en el que, por cierto, son notables las afinidades con el Velázquez de Las Meninas.
Como buen surrealista, Dalí plasma un mundo onírico en escenarios irreales y alucinantes. Aparentemente son objetos y personajes identificables pero en composiciones imposibles o en paisajes desolados. Un Dalí descamisado y con el pantalón roto aparece a la izquierda de la composición en actitud de pintar frente a un caballete con lienzo. Nos extiende su mano en el típico gesto del que no desea ser retratado pero es pillado in-fraganti. Los ojos muy abiertos y una expresión de loco y colgado nos ponen sobre aviso de su condición de artista extravagante y provocador, imagen que siempre gustó de cultivar. Detrás de él vemos a Gala, su esposa, y distintos personajes pobres y harapientos sobre el desierto. Es su visión del continente más pobre de la Tierra. Un guitarrista canta sentado en una barca. Todo es muy enigmático y se presta a diversas interpretaciones.
Saca tus propias conclusiones. No hacen falta comentarios. (Van Gogh ya conocía los efectos del tabaco).