Los grandes museos de pintura del mundo presumen de poseer gigantescas colecciones de obras maravillosas. Los mejores pintores, estilos y épocas aparecen representados en las pinacotecas de renombre. Es difícil para el visitante seleccionar lo más interesante porque todo lo es. Sin embargo siempre existe esa obra especial, ese cuadro impactante que, alabado por todos, se convierte en un icono universal y en la estrella de su museo.
Suelen ser estas obras maestras cuadros que reúnen todas las características para captar nuestra atención: son de gran tamaño, hacen gala de gran destreza técnica, utilizan diversas perspectivas, reflejan escenas interesantes y tienen siempre un halo de misterio ya que ciertos enigmas que presentan no han sido desvelados y son origen de hipótesis y conjeturas.
Cuando los visitantes individuales o los grupos entran en el museo, indefectiblemente se dirigen a la obra-estrella y la visita sería incompleta sin él.
En muchos museos hay tantas obras impresionantes que resulta muy complicado seleccionar una que destaque sobre las demás. En la PINACOTECA COSSÍO somos ajenos a este problema de tener que elegir una obra-estrella porque..., claro..., es que aquí.... ¡¡¡¡LAS TENEMOS TODAS!!!!!
Y, por cierto, ni sueñes con poder ver los originales con sosiego y tranquilidad puesto que siempre hay una muchedumbre contemplándolos, comentando, sacando fotos.... Aquí es diferente, todos los cuadros juntitos y sólo para tus ojos, sin aglomeraciones ni incordios.
Giorgione, pintor veneciano del renacimiento, fue un maestro de la perspectiva aérea. La utiliza tan correctamente que alcanza unos niveles de realismo sublimes. En este cuadro podemos apreciar una perspectiva aérea notable: el color se degrada al aumentar la distancia al igual que la nitidez de los contornos, casi desaparecida en el fondo paisajístico. El contraste entre la claridad de colores y contornos del primer plano y el negro y amenazante fondo de tormenta es muy evidente. Como nota curiosa, la iluminación subraya el efecto perspéctico, puedes observar como el mágico blanco de las arquitecturas resalta sobre el oscuro nubarrón rasgado por un relámpago. Las líneas de fuga están claras : el riachuelo y la línea de casas.
Es la primera vez en toda la historia de la pintura en que el paisaje es el protagonista y los personajes carecen de relevancia. Todo en esta obra resulta misterioso, los personajes, la tempestad, los edificios... y el espléndido colorido sirve de refuerzo para este ambiente inquietante.
Cuadro típico holandés de retrato colectivo de gran formato reflejando un gremio, en este caso los arcabuceros, encargantes de la obra. Aparecen a la salida de una callejuela cuando comienzan a dispersarse por una plaza. Los milicianos acaban de romper la formación y Rembrandt los coloca desordenados por el espacio.
No les gustó a algunos aparecer de distinto tamaño como era normal en este tipo de cuadros. Encontramos cosas raras como un enano o un joven con un ave, ambos de difícil engarce en la obra.
El claroscuro es vivísimo y las calidades pictóricas espectaculares en los arcabuces, instrumentos musicales, trajes y sobre todo, en las expresiones y los gestos.
Para su traslado al palacio real la tela fue cortada por tres lados y hoy es más pequeña que en origen. Es una de las obras maestras de la pintura mundial y el cuadro-estrella del Rijksmuseum de Amsterdam.
El tema del cuadro parece trivial, la infanta y sus damitas de compañía (meninas en portugués) irrumpen en el estudio de Velázquez, pintor de cámara del rey Felipe IV, que se encuentra pensativo y observa los modelos que se dispone a pintar. Nosotros podemos ser esos modelos ya que somos contemplados por Velázquez. Sin embargo, los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, a quienes vemos reflejados en el espejo del fondo, son las personas que el pintor retrata.
Técnicamente el cuadro es insuperable. El conjunto de perspectivas utilizadas es único y produce un efecto "atmosférico" en el ambiente representado, como si el pintor hubiese pintado el aire entre las figuras. Vamos a analizarlo: la primera perspectiva que observas es la lineal, diversas líneas imaginarias o no (línea del techo-pared; cuadros colgados, el suelo) guían nuestra vista hacia el fondo y nos hacen creer en una fuerte tridimensionalidad. Este asombroso efecto se refuerza con un suelo neutro, de moqueta, que avanza hacia nuestra posición y, sobre todo, con unos espacios alternativamente iluminados y en penumbra que subrayan el efecto de alejamiento. La otra perspectiva es la aérea, la difuminación progresiva de los contornos y la degradación de las gamas tonales con el aumento de la distancia y el alejamiento. Como remate, Velázquez pone un agujero iluminado en el centro (la puerta abierta) que da a una estancia donde no vemos el fin, es decir, el cuadro tiene una perspectiva ilimitada.
Esta combinación de perspectiva aérea y lineal es lo que ha fascinado a todos, expertos o no, desde el siglo XVII.
La gama cromática empleada por Velázquez en esta obra es limitada y contenida, predominan los grises y los ocres, no obstante, aplica colores fuertes como el rojo fuego en pequeños detalles de la vestimenta de las niñas como lacitos, pasadores de pelo y adornos florales. De este modo rompe la monotonía de colores y atrae nuestra atención. La calidad de representación de las sedas brillantes con grises y blancos muy luminosos resultan de una belleza deslumbrante.
Al prescindir de la línea negra, Leonardo da con la clave de la suavidad en lo representado. Con el sfumato gradual (más cuanto más lejos) se logra una gran sensación de realismo, los objetos se ven más borrosos cuanto mayor es la distancia entre ellos y el observador. El efecto perspéctico es total al pintar a Monna Lisa con un punto de vista muy alto.
Símbolo de lo enigmático y misterioso, este retrato es el más famoso de todos los tiempos. Leonardo, el gran genio del Renacimiento pintó a Lisa Gerardini, esposa de Francisco Giocondo pero nunca entregó el cuadro a su encargante, lo retuvo con él hasta su muerte y no dejó de trabajar en él, retocándolo continuamente. Según la leyenda, Leonardo invirtió diez mil horas en su elaboración.
La chica posa en tres cuartos, tocada con un velo y las manos recogidas, recortándose desde gran altura sobre un paisaje con un horizonte muy lejano donde podemos ver montañas, ríos, puentes y caminos.
Leonardo fue el inventor del "Sfumato", técnica consistente en difuminar los contornos para dar sensación de atmósfera y aire, de lejanía perspéctica y, a la vez, de dulzura y suavidad.
El rostro es muy curioso, no tiene pestañas ni cejas, su mirada es profunda y sobre todo su sonrisa resulta muy enigmática, porque, vamos a ver... ¿realmente sonríe? ¿es sólo una mueca? ¿tal vez su gesto natural ?. Imposible saberlo, cada cual tiene su hipótesis, pero esto es lo que ha fascinado a todos desde siempre.
La lista de enigmas que presenta nuestra amiga es interminable, veamos:
- Según Rafael Sanzio, el cuadro tenía un fondo con columnas griegas, pero hoy el fondo es distinto. ¿Era otra Gioconda la que vió Rafael?
- Para Vasari, teórico del arte y contemporáneo de Leonardo, lo mejor del retrato eran las cejas y las pestañas pero hoy no existen. ¿Había dos cuadros del mismo tema?
- Dos informáticos estadounidenses aseguran que en realidad el rostro de la Gioconda es el de Leonardo, por comparación con un autorretrato (el que tienes expuesto aquí). ¿Eso explicaría por qué Leonardo lo tuvo siempre consigo?
Por cierto, la contemples donde la contemples, ella siempre te mira fíjamente.
El calificativo de impresionante se quedaría corto con esta obra maestra de Jan Van Eyck, pintor flamenco del siglo XV y verdadera obra estrella de esta pinacoteca londinense.
Los hermanos Van Eyck (Hubert y Jan) fueron grandes innovadores, por ejemplo utilizando por primera vez el óleo como técnica pictórica, un gran detallismo en los decorados, gran colorido y extraordinaria perspectiva.
En "Los esposos Arnolfini" van Eyck retrata a un acomodado matrimonio burgués del Flandes de la época posando ante nosotros. La escena aparentemente simple esconde algunas claves necesitadas de interpretación puesto que objetos vulgares son alegorías de virtudes.
Este famosísimo cuadro es lo más expresivo de toda la pintura contemporánea. Refleja el temor ante el cambio de siglo y la tensa situación internacional que vivía Europa por aquellos tiempos. También refleja los temores y angustias existenciales del propio Munich tales como su relación amor-odio con las mujeres, la reciente muerte de su madre y sus tendencias sicológicas depresivas.
En el fiordo de Oslo, al borde del agua, una mujer cuyo rostro semeja una calavera se aprieta las manos contra la cara como signo de angustia y desesperación. Los colores chillones y las distorsiones de las líneas crean una atmósfera agobiante y opresiva, una muestra de la soledad del ser humano y su pesimismo frente a las adversidades. En un segundo plano aparecen otras dos personas frías y distantes como queriendo significar que el prójimo no nos ayuda en los momentos de desesperación.
El castillo de Akersus y los barquitos completan la inquietante composición mientras el color rojo predominante aporta una dosis extra de angustia y peligro que acentúa el tono sombrío del cuadro. Ese cielo encendido y esos torbellinos parecen envolver amenazadoramente a la persona que grita ya que se siente amenazada y oprimida.
Toda la escena parece sacada de una pesadilla delirante de la que cualquiera desearía despertar cuanto antes.
Es un bar de esquina, muy típicamente americano de los años 30 y con una gran frialdad, personajes solitarios con vidas problemáticas ahogan sus preocupaciones en esa barra triste e impersonal. Hooper subraya la soledad y el aislamiento en que se mueve el hombre contemporáneo especialmente en las grandes urbes. En estos casos los camareros suelen ser confidentes y amigos.
La luz del bar resalta sobremanera sobre la oscuridad de la calle y la ausencia de calor humano se hace palpable. La bella pelirroja era la mujer de Hooper y suponemos que él sea el caballero de al lado. Los fuertes contrastes lumínicos y cromáticos marcan mucho esta obra.
Resulta muy curiosa la contemplación de esta chica escritora en el momento de máxima concentración mientras espera la inspiración de las musas. Nos mira sin vernos, absorta en sus pensamientos mientras lleva el cálamo a sus labios y sostiene las tablillas para escribir. Cuidadísimo su atuendo y complementos. Lleva redecilla sobre un peinado de rizos caracoleados, túnica y manto y pendientes de oro con forma de aro.
La pintura resulta magnífica por la gracia de la pose, el delicado cromatismo y la precisión del dibujo.
Sobre un jardín con bellos parterres de flores y arbustos pasea un refinada señora vestida de blanco y protegiéndose del sol primaveral con una sombrilla. Bañada en luz, proyecta sombra sobre el césped puesto que los rayos solares le inciden oblicuamente.
Esa misma luz solar resalta hojas y flores y deja en penumbra acusada las zonas a resguardo.
El genial impresionista Monet capta lo fugaz e instantáneo pintando al aire libre en pinceladas pequeñas de colores puros y fijándose mucho en la luz natural y los efectos del aire y de la atmósfera sobre los objetos representados
Obra muy popular y reproducida, símbolo de la belleza y la sensualidad. Venus, diosa de la belleza, llega en una concha a la costa. Desnuda, tapada solamente con una espléndida cabellera, es empujada por Eolo y Céfiro (los vientos) que soplan sobre ella mientras Flora la espera para arroparla con un bello manto a su llegada a la orilla.
Resulta interesante comprobar cómo todavía existen entre los pintores de esta época ciertos desajustes perspécticos como la inadecuación de tamaño personajes-paisaje o la simplificación de la olas marinas como simples líneas curvas blancas. Destacable es la calidad de representación de la hierba y las flores y el claroscuro de zonas iluminadas en contraste con otras en penumbra.
Espectacular escenografía renacentista donde Rafael retrata a los filósofos más destacados de la Atenas del siglo V. En el centro Platón, señalando el cielo y Aristóteles a la tierra. Alcibíades, algo borrachín, aparece tirado en la escalinata. Las arquitecturas son puro clasicismo romano y se asemejan a unas antiguas termas. Tal vez lo más curioso sea la perspectiva, con líneas de fuga que convergen en las cabezas de Platón y Aristóteles. El colorido es intenso y variado y las volumetrías de las anatomías están verdaderamente bien conseguidas.