PINTORES ABSTRACTOS ESPAÑOLES.

La pintura abstracta no pretende imitar lo real, no busca reflejar la naturaleza en los lienzos, tal vez por ello sea tan controvertida. En realidad lo abstracto no es algo nuevo y completamente original del siglo XX, ya en las cuevas prehistóricas como Altamira podemos encontrar signos abstractos cuya interpretación continúa siendo un enigma para nosotros.

El arte abstracto recoge el interior del pintor, todo lo que bulle en su subconsciente, es un ejercicio de introspección que puede ser tan válido como el arte figurativo, aquel que imita lo real.

El siglo XX supone la explosión del arte abstracto y España no es una excepción. Pintores de todo el país comparten gustos artísticos y plasman en sus obras toda su subjetividad y su mundo interior.

Aquí puedes ver una selección de obras abstractas de Saura, Sempere, Equipo Crónica...

ANTONIO SAURA.

COCKTAIL PARTY.

Colorista composición de este pintor nacido en Huesca y clave para entender artísticamente la etapa de la posguerra en España.

En Saura el abstractismo, a pesar de su aparente alejamiento de lo real, nos permite adivinar formas y figuras, en este caso desordenadas en el espacio, como corresponde al desorden de una fiesta con las personas desperdigadas.

La acumulación de multitudes en un universo de color es algo no muy habitual en Saura, pintor predominantemente bicolor. Expresionista y de textura entrelazada es esta pieza Cocktail party, en la que se vislumbra la alegría de la reunión, pero sin abandonar el trazo grotesco con el que perfila las presencias humanas.

GRAN CRUCIFIXIÓN.

Una crucifixión abstracta pero fácilmente reconocible (brazos, cruz, cabeza).

Saura presenta la tensión, la violencia y el dolor mediante líneas gruesas, blancas, grises y negras que entran en conflicto entre sí y desvelan la inquietud y el desasosiego que la escena nos provoca. La ausencia de color y el chorreo de la pintura acentúan aún más esa sensación de desgarro y crispación.

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EUSEBIO SEMPERE.

Eusebio Sempere (Onil, Alicante, 3 de abril de 1923 - 1985). Escultor, pintor y artista gráfico. Comenzó su formación artística en la Escuela de Bellas Artes de Valencia en 1940, trasladándose posteriormente a París para continuar sus estudios. Es en esta ciudad donde empieza a relacionarse con las obras y artistas más vanguardistas e internacionales como Chillida, Palazuelo Jean Arp, Kandinsky, Mondrian, Klee, Matisse y Picasso que influirán decisivamente en su obra.

En 1960, regresa a España y se instala en Madrid, donde se relaciona con un escogido grupo de informalistas. Muere en abril de 1985 tras una larga enfermedad.

La obra de Sempere está definida por la abstracción, la repetición geométrica y la linealidad. Su aportación personal a este movimiento cinético consiste en sus series de construcciones geométricas y abstractas a las que imprime el efecto de ilusión de vibración y movimiento.

Quizá condicionado por su origen levantino, la luz también representa un importante papel en su obra plástica, utilizándola como elemento principal para crear armonía y organizar planos. Considera sus cuadros como una superficie bidimensional donde juega con los elementos visuales, la luz, el color y los tonos, buscando efectos ópticos para crear volúmenes en sus figuras geométricas repetidas.

PAISAJE DE JUNIO.

Los colores de la primavera aparecen en esta obra como si fueran una sucesión de hilos más o menos horizontales. Es decir, abstracto pero a la vez tan sugerente que permite a nuestra imaginación volar libre sobre estos bellos campos imaginarios.

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CAMPOS DE MIMBRE.

Al igual que en la obra anterior, Sempere marca con innumerables líneas los colores de un paisaje de mimbres en el que podemos imaginar las parcelas, el cielo, la línea del horizonte y los matices de la naturaleza.

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EQUIPO CRÓNICA.

Este nombre tan peculiar alude a un trío de pintores, Manuel Valdés, Rafael Solbes y Juan Antonio Toledo, que trabajó en obras comunes y que son conocidos por sus extravagantes propuestas en las que se mezclan la tradición y la modernidad.

En base a temas archiconocidos como en este caso Las Meninas o El caballero de la mano en el pecho, estos dos artistas elaboran una realidad nueva, sorprendente y radical. Es una provocación para nuestros sentidos ya que no esperaríamos nunca encontrarnos la conocida escena de Velázquez en un salón de una casa convencional, con sus muebles modernos, su televisión y diversos objetos que definitivamente chirrían con los trajes del siglo XVII de las meninas y de Velázquez.

Estamos por tanto ante una propuesta original, algo difícil de conseguir en el arte contemporáneo, y, sobre todo, unas pinturas impactantes ya que para cualquier español las obras de Velázquez o de El Greco son nuestra tradición, parte de nuestra historia y de nuestras raíces. Que estas obras tan populares aparezcan tan modificadas por una parte las desmitifica, las hace más cercanas y accesibles, pero también cambia nuestra percepción tradicional sobre estas obras maestras, incluso podríamos considerarlo como un toque de humor, tal vez irreverente, sobre pinturas intocables.

En Las Meninas 1970 y en La Antesala existen realidades absurdas. ¿O no es absurdo ver al caballero de la mano en el pecho con un puño americano?. ¿Y Velázquez con flotador de patito?