Tiziano Vecellio (1485-1576) es uno de los grandes genios de la pintura universal. Nacido y muerto en Venecia, respira el aire de la famosa ciudad lacustre por todas sus obras.
Pintor renacentista del siglo XVI (Cinquecento) fue muy longevo y gozó de gran prestigio y muchos encargos, lo que explica su enorme producción pictórica.
Cultivó muchos géneros: retratos y autorretratos, escenas religiosas, bélicas, mitología, etc.
Como características propias de pintor veneciano señalamos la luz dorada, la riqueza y sensualidad en los personajes representados, el colorido con predominio de tonos nacarados y lo recargado de las composiciones, que, además, suelen hacer gala de un movimiento muy acusado.
Entre los rasgos propios de Tiziano tenemos su gran carga de óleo en cada pincelada, su cuidada distribución de las figuras en el espacio y la expresividad que muestran los personajes en sus rostros y en sus posturas.
En España conservamos muchas obras de Tiziano (Museo del Prado) ya que este pintor conoció al emperador Carlos V y fruto de esa relación le fueron encargadas numerosas obras.
En esta curiosa escena contemplamos a la diosa Danae desnuda y tumbada en su lecho. En una mezcla prodigiosa de interior-exterior llueven de un cielo tormentoso monedas de oro. Pues bien, según la mitología, Danae fue encerrada por su padre Acrisio en una torre para impedir que conociese varón y concibiese un hijo. Júpiter, para burlar la prohibición, se disfraza de lluvia de monedas de oro y la posee.
Resulta maravilloso el cromatismo dorado que confiere a la escena una atmósfera irreal. Danae está relajada y despreocupada, actitud que contrasta con la de su sirvienta, que se apresura a recoger las monedas con su delantal.
Como buen veneciano, Tiziano da a su cuadro un gran porte y un lujo propio del ambiente de su ciudad, así se ve en el muy escenográfico lecho, el perrito acurrucado, los cortinajes y la sensualidad que se desprende del conjunto.
La escena muestra el momento en el que el dios del vino, Dioniso (Baco para los romanos) encuentra a Ariadna y se enamoran. Tiziano pone en esta obra un rico cromatismo y una gran fuerza expresiva tanto en el movimiento como en la gestualidad de los sentimientos.
A la derecha encontramos el grupo del cortejo de Baco y a la izquierda los protagonistas de la historia. El carro tirado por guepardos lleva al dios, acompañado por ménades y sátiros tocando instrumentos musicales. Isleño es el viejo gordo del fondo que está borracho y monta un burro. A su lado un personaje acarrea una gran tinaja de vino.
La fuerza que desprende el conjunto se acrecienta con la prodigiosa representación de las anatomías, los bellísimos colores como el azul o el rosa y las posturas originalísimas de todos los personajes.
Esta obra es una monumental tabla colocada en el altar mayor de la iglesia dei Frari en Venecia.
Sorprendente es la distribución de figuras en el espacio, ordenadas en tres registros graduados en vertical: arriba Dios todopoderoso flanqueado por dos ángeles, en el centro una majestuosa Virgen María ascendiendo al cielo con su vestido rojo fulgurante y su manto azul al viento custodiada por un semicírculo de angelotes alados entre nubes. Por último en la parte inferior los personajes mundanos que observan estupefactos la escena haciendo expresivos aspavientos.
Los contrastes de luces y sombras son muy pronunciados, al igual que los vivos colores que marcan mucho este cuadro. Se mezclan los ambientes celestial y terrenal y la Virgen es la intermediaria entre ambos.
Conocidísimo retrato ecuestre de Carlos V avanzando orgullosos a lomos de su caballo y vestido como un emperador triunfante, al estilo de los retratos de emperadores romanos a caballo.
El pequeño pero aguerrido Carlos porta la lanza y una impresionante coraza. El yelmo con penacho de plumas deja ver su rostro digno y tranquilo. El caballo va ricamente enjaezado y ambos posan sobre el paisaje de la batalla que acaban de ganar contra los príncipes protestantes alemanes y que se desarrolló en 1547. El tono rojizo del cielo corresponde al tono del fuego y de la sangre, elementos característicos de una confrontación bélica.
Este retrato de grupo protagonizado por el anciano papa y sus nietos, Ottavio y Alessandro.El pontífice aparece en el centro de la composición, sentado y dirigiendo su cansada mirada a Ottavio que hace una reverencia. En la parte de atrás contemplamos a Alessandro, vestido con el característico hábito cardenalicio y apoyando su mano derecha en el sillón papal, sugiriendo que ese asiento puede ser ocupado por él cuando el pontífice fallezca, tres años después. Una vez más, el maestro veneciano capta a la perfección la psicología de sus personajes mostrando a un Papa como una figura senil manipulada por una familia servil. Tiziano abandona las adulaciones de otros retratistas para presentarnos la historia tal y como la ve, imparcialmente pero de la manera más desgarradora. La economía de colores empieza a ser uno de los rasgos destacados de la pintura de Tiziano. Sin embargo, la amplia gama de tonalidades empleadas hace que sus trabajos eludan la monotonía. También es habitual en estos momentos el empleo de pinceladas rápidas y empastadas, con las que los detalles empiezan a pasar a un segundo plano para interesarse por cuestiones de luz y color. Los trabajos desde este momento gozarán de "aire" al llenar los espacios de atmósferas que diluyen los contornos.
Un pequeño enigma: ¿dónde está la mano derecha del Papa?
Estamos ante la última obra del gran Tiziano, tan es así que no la pudo terminar y el ángel que porta la antorcha lo finalizó un discípulo suyo.
En un ambiente triste y oscuro se desarrolla la terrible escena de la Virgen sosteniendo en su regazo el cuerpo muerto de su hijo. Tiziano la ha situado en un marco arquitectónico ya que las figuras aparecen situadas de manera efectista en una hornacina rematada con frontón, construida con piedras de sillería y flanqueada por varias esculturas. El propio Tiziano y su hijo Horacio aparecen retratados ante la Virgen y Jesús. La escultura de la izquierda es Moisés con las tablas de la ley y la de la derecha una sibila que porta los símbolos de la pasión : cruz y corona de espinas. El ángel con la antorcha simboliza la vida eterna. Los pedestales muestran al león, símbolo de San Marcos y de la propia Venecia.
Este gran cuadro se encontraba en el monasterio de Yuste cuando el emperador Carlos V estaba en su lecho de muerte y pidió morir contemplándolo.
En una composición circular admiramos la Santísima Trinidad en la parte superior sobre una nube (Padre, Hijo y Espíritu Santo en forma de paloma) y la Virgen María vestida con su manto azul parece encaminarse hacia ellos.
Los personajes son todos los de la corte celestial y muy destacado está Noé con su arca y la paloma con el ramito de olivo en su pico. Moisés con sus tablas de la ley, una mujer vestida de verde que personifica la iglesia, San Juan evangelista con el águila que lo simboliza ...
Los personajes mundanos son el propio emperador Carlos V con un sudario blanco encomendándose a Dios, junto con su esposa Isabel de Portugal, detrás de él su hijo Felipe II junto con María de Hungría y Juana de Austria. El propio Tiziano se autorretrata también con un sudario.
Maravillosa escena mitológica y simbólica en la que nos deleitamos con un paisaje tranquilo y bello con una sucesión de planos de iluminación distinta ( primer plano iluminado, penumbra después y de nuevo luz en el fondo).
Sobre un antiguo sarcófago romano decorado con relieves un niño agita las aguas del interior. A la izquierda una muchacha ricamente vestida y a la derecha otra idéntica pero semidesnuda. Pues bien, el niño es Cupido, dios del amor y la muchacha es Venus, la diosa del amor en sus dos acepciones: la sagrada está vestida y porta una vasija de oro y un ramillete de rosas y la profana desnuda y con una lámpara de aceite encendida. No se trata del pecado y la virtud, como algunos han asegurado sino de las dos vertientes del amor, la carnal o sexual y la espiritual.
Para la iglesia de Santa Maria delle Grazie de Milán pintó Tiziano entre 1540-41 esta espectacular Coronación de espinas, encargada por la Cofradía de la Santa Corona. La referencia a la escultura clásica continúa presente, interesado en menor medida por la potencia escultórica de las figuras, la expresividad y el dramatismo se subraya por el empleo de la luz y el color, Las tonalidades amarillas, verdes, azules y rosas son características de los primeros años de la década de 1540, al igual que las escorzadas posturas y las diagonales utilizadas por el maestro. Cristo se sitúa en el centro de la composición, rodeado de los sayones que intentan clavarle la corona a través de los bastones, en posturas tremendamente forzadas con las que se acentúa el dramatismo y la tensión del momento. La escena se desarrolla en los escalones de acceso a una construcción clásica, en cuyo dintel se aprecia un busto romano y una leyenda en letras capitales -"Tiberius"- para ubicar cronológicamente la escena. La brutalidad de los sayones y sus gestos violentos contrastan con la dulce expresión de Jesucristo, un gesto de quien sabe su destino y lo acepta dignamente.